Después de la Leche ¿Que?

Se acabó la calma. Atrás queda eso de sentarnos a la mesa con nuestro hijo al pecho mientras comemos o cenamos tranquilamente. El bebé ha empezado a interesarse por nuestra comida, y cuando la tiene cerca la pide, la quiere tomar, se la lleva a la boca… Además parece que solo con la leche que ha estado tomando hasta ahora no se queda satisfecho, y es que ya ha cumplido seis meses y le han salido sus primeros dientes, aviso clarísimo de la naturaleza de que su sistema digestivo está listo para recibir otros alimentos distintos a tu leche.
Cada día un poquito más.
Para empezar podemos probar con un alimento parecido en consistencia a la leche para que el bebé haga una transición fácil, al mismo tiempo que le evitamos posibles problemas digestivos: una comida blanda, suave y ligera para que pueda seguir usando el reflejo de succión. ¿Lo ideal?

La crema de cereales. Se la ofreceremos después de la toma de leche correspondiente. Será poquito y cada día aumentaremos la cantidad, hasta que llegue el momento en que haya completado una toma solo a bases de crema de cereales.

Que hacer y que no en esta nueva etapa del bebé

¿Dejo de darle el pecho? ¿Cuándo le doy la nueva comida, antes o después de mi leche? ¿Le pongo sal? Son muchas las dudas que se plantean, pero muchas veces solo se trata de seguir nuestro instinto.
Si a la leche materna. Eso es lo primero de todo. El resto de alimentos se los ofreceremos después de la toma, nunca antes y mucho menos en su lugar. Es la única forma que tenemos de asegurarnos de que el bebé recibe la cantidad necesaria de leche.
A dar los alimentos nuevos de uno en uno. Empezaremos con pequeñas cantidades y esperaremos una semana hasta probar con otro. Así, si alguno le provocara alguna molestia, alterara su ritmo intestinal o lo rechazara con especial repugnancia, sería más fácil identificarlo.

A escurrir los alimentos que le demos hervidos, porque de lo contrario, su barriguita es muy probable que se acabe llenando con el agua de la cocción.

No obligarlos a comer. Si no ha querido probar un alimento nuevo, por el momento no insistiremos. Le daremos un respiro y lo volveremos a intentar al cabo de uno o dos días para ver qué pasa.

A poner sal o azúcar en la comida del bebé. Tampoco son convenientes los edulcorantes como la sacarina, el aspartamo o la miel. Entre otros beneficios, le permite descubrir el auténtico sabor de la comida.

A precipitarse. Esperaremos a que cumpla un año para darle alimentos que suelen causar alergias: huevo, pescado, soja… o cualquier alimento que cause alergia en miembros de la familia.

 

3 alimentos indispensables en su dieta

Nuestra leche seguirá siendo la base fundamental de su alimentación, pero no pueden faltar los siguientes grupos de alimentos:

La verdura
Las primeras verduras que le daremos serán las dulces, redondas y de raíz: zanahoria, cebolla, puerro, calabaza, repollo, coliflor, calabacín y brócoli. Más adelante introduciremos las judías verdes. Y reservaremos para el final, hacia el año de edad, las verduras de hoja verde, ya que pueden acumular sustancias derivadas de los abonos químicos y causarle algunos problemas.

 

Los cereales

Conviene evitar los cereales muy fuertes (el trigo sarraceno, por ejemplo) y los laxantes (centeno, trigo, y espelta), así como tener cuidado al darle cereales con gluten (trigo, avena, centeno, cebada). La mejor opción para empezar es el arroz, la avena y la quínoa.

Puedes preparar una crema casera a base de estos cereales y reservar los preparados industriales, menos nutritivos, para ocasiones especiales y emergencias, como, por ejemplo, un viaje o unas vacaciones. Deja en remojo el arroz, avena y quínoa durante una noche, hiérvelos en abundante agua y pasa la mezcla por el triturador antes de que se enfríe; guárdala en el refrigerador, e en el momento de la toma la cantidad necesaria y añádele un poco de agua y una cucharada de semillas tostadas y trituradas.
La fruta

La fruta se recomienda dársela entre horas, y es preferible que sea la de temporada y la propia del lugar en el que se vive. En su punto de madurez es como mejor sienta al organismo. Siempre que se pueda, elegiremos de cultivo ecológico, para asegurarnos de que aún es más saludable, ya que no tendrá restos químicos. El bebé también puede empezar a comer frutas deshidratadas como, por ejemplo, las pasas, los orejones, etc., remojadas y ligeramente cocidas.

 

Cuando rechace algo… dale tiempo, ¡Y nunca lo fuerces!

En todo proceso es normal que haya retrocesos. Seamos flexibles, y permitamos que nuestros hijos acepten los nuevos alimentos a la primera y luego los rechacen. ¡Démosle tiempo!

¿Crudo? ¡Por supuesto!
Ir combinando distintos alimentos en una misma comida es esencial para que aseguremos el aporte de todos los nutrientes, pues unos favorecen la asimilación de los otros. También es mejor alternar alimentos de distintas texturas y consistencias. No conviene abusar de los alimentos blandos, como las cremas, los purés, el pan de molde, etc., que tu hijo coma zanahorias crudas, por ejemplo, masticando bien por un lado y luego por el otro será muy favorable para la maduración de su sistema nervioso. La alimentación complementaria aporta algo más que una variada fuente de nutrientes esenciales: el propio de desarrollo del organismo y el carácter del niño.