6 Reglas básicas para corregir a los niños

Ser madre o padre representa un cambio importante. Un cambio para los padres y también un mundo nuevo para el bebé. Ambos crecen, aprenden, tienen que superar dificultades. Por ello, el primer año del bebé es una etapa muy especial y muy distinta a la del segundo año, cuando el pequeño ya empieza a dar sus primeros pasos, a moverse con más autonomía y a querer probar todo.

Ese es el momento en que los padres deben empezar a poner límites y aplicar la disciplina a los hijos.

Cuando hablamos de disciplina, la primera palabra en la que pensamos es ‘NO’.

El uso de la palabra NO también debe tener límites, lo mejor, al principio, es utilizarla solo cuando exista alguna situación de riesgo para el niño.

Hay que aprender a poner límites al niño, pero de la forma adecuada. Lo que interfiere en el desarrollo emocional del niño no es el regaño en sí, sino el tono de voz utilizado, la violencia infligida en las palabras dichas.

Cuando los niños están creciendo empiezan a crear su identidad a partir de las voces que oyen. Las más importantes suelen ser las de los padres y los maestros, y su impacto es duradero.

Educar es una de las tareas más difíciles a las que nos enfrentamos los padres. Y, aunque no existen fórmulas mágicas, sí hay algunas cuestiones claves que tenemos que manejar con soltura. Nunca es pronto para comenzar a educarle.

 

El objetivo de regañar al niño debe ser educarlo, que aprenda y rectifique. Por este motivo, los regaños deben ser constructivas; de lo contrario, no llevará al aprendizaje ni a la mejora del comportamiento del pequeño. Si bien muchos padres consideran que el hecho de regañar al niño va estrechamente ligado a la crianza y la educación de l​o​s hijos, es necesario que aprendan a no excederse en el tono.

No todos los niños reaccionan del mismo modo a los regaños de los adultos. 

La reacción emocional del pequeño no sólo depende de su carácter, sino también del tono y de la frecuencia con la que se le riñe

Lo que necesitamos es encontrar un término medio para lograr educar a niños respetuosos, afectuosos y bien portados.

Primero, las reglas básicas

Para preparar el ambiente y disciplinar a los niños con éxito, estas son las reglas básicas con las que concuerdan muchos expertos:

1. Todos tenemos responsabilidades. Hay que instruir a los niños desde el inicio, que en la familia haya un procedimiento de apoyo recíproco, por el cual todos se ayudan y colaboran.

2. El respeto tiene que ser mutuo. Una de los descontentos más comunes de los padres con relación a sus hijos y viceversa es: “No me estás escuchando”. Procura dar un buen ejemplo desde el principio, y cuando tu hijo trate de decirte algo, interrumpe lo que estés haciendo, ponle atención y escúchale. Así después podrás exigirle el mismo comportamiento.

3.- Pedir perdón: muchos padres se ofuscan en que sus hijos pidan perdón a sus hermanos, a sus amigos, a los mismos padres… e, incluso, les obligan a hacerlo cuando consideran que han hecho algo mal. Una vez más, se olvidan de que lo mejor que les podemos ofrecer es el ejemplo. Si queremos que integren el perdón como una herramienta para relacionarse, debemos pedírselo también a ellos cuando consideremos que hemos traspasado la línea del respeto.
4.-  Diálogo: el diálogo es una de las herramientas más importantes para educar a los hijos. Hay que explicar, dialogar, expresar los diferentes motivos y lo que se espera con toda la comprensión y la serenidad del mundo.

5. La clave está en la constancia. ¿Deseas criar a un niño con resistencia emocional? Sé constante y firme con relación a las normas y tareas. Es preferible insistir en que el niño ayude con una única tarea que no exigirle nada en lo absoluto. Tu firmeza y constancia le enseñarán a tu hijo que lo amas lo suficiente como para esperar que se comporte responsablemente.

6. La vida no siempre es justa. Los padres tenemos mucho miedo de decepcionar a nuestros hijos, dicen muchos expertos. Pero, si los niños nunca pasan por situaciones dolorosas o frustrantes, como al tener que compartir un juguete o esperar su turno, o si nunca sienten tristeza ni desilusión, no tendrán la oportunidad de desarrollar las habilidades psicológicas esenciales para su felicidad.

Los niños y niñas experimentan conductas frecuentemente, están en un proceso constante y continuo de aprendizaje. Prueban determinadas acciones y comprueban las consecuencias de las mismas. Nuestra labor como padres o educadores es enseñarles las conductas apropiadas para su bienestar personal, emocional y social. Es por ello que debemos reñirles cuando sea necesario, pero de forma calmada y comprensiva, nunca el regaño debe ser violento o dañino.